No es publi... pero tampoco es contenido orgánico: el nuevo territorio del ‘branded content’
Durante años, en marketing hemos vivido cómodos en una frontera clara: por un lado, la publi; por otro, el contenido orgánico. Anuncios identificados frente a historias que conectan sin pedir permiso. Pero esa frontera ya no existe.
Hoy, las marcas producen documentales, programas, series cortas y ficciones pensadas para OTTs, VOD y plataformas sociales. Contenidos que no interrumpen, que se consumen como entretenimiento y que construyen marca a largo plazo. Branded content en estado puro.
Y entonces llega la pregunta incómoda —la que ya se están haciendo muchos equipos de marketing—: si no es un spot, pero tampoco es orgánico… ¿qué es exactamente? Y, sobre todo, ¿hay que decirlo?
En los últimos meses, la CNMC ha empezado a poner el foco en este nuevo escenario. No para decirle a las marcas “no hagáis branded content”, sino para algo mucho más concreto: que el consumidor sepa cuándo está viendo publi, incluso cuando va envuelta en storytelling.
El caso de “Juntas, cambiamos”, un formato sobre salud femenina disponible en una plataforma VOD, lo ilustra bien. El contenido tenía forma de programa editorial, expertas, tono divulgativo y apariencia de contenido orgánico. En la ficha se indicaba que estaba “ofrecido por” una marca, pero dentro del contenido no se decía nada.
Leído en clave marketing, el insight es claro: si tu contenido se percibe como orgánico, pero responde a una estrategia de marca, tienes que asumirlo. No basta con esconderlo en la descripción o en la letra pequeña.
Casos recientes como los de McDonald’s o Vinted confirman algo que marketing conoce bien: el branded content funciona porque baja las defensas del espectador. Documental, entretenimiento, celebrities, relatos humanos.
El problema no es el formato. El problema aparece cuando esa eficacia se apoya en la confusión.
No es lo mismo hacer branded content que hacer publi encubierta. Y esa diferencia ya no es solo legal: es de confianza de marca. Hasta ahora, el foco estaba en televisión y plataformas bajo demanda. Pero el siguiente territorio es evidente: el feed.
TikTok, YouTube o Instagram ya no son solo canales; son ecosistemas narrativos. Y ahí es donde cada vez más marcas están experimentando con microdramas sponsorizados: mini‑series verticales, ficciones emocionales, relatos cotidianos que parecen nativos del contenido orgánico.
Desde marketing, la tentación es obvia: si parece ficción, no hace falta decir que es publi. Pero aquí es donde cambia el paradigma.
Aunque todavía no existe una resolución específica sobre microdramas de marca en plataformas sociales, la tendencia es clara: si una historia es de marca, no puede fingir que no lo es.
Da igual que no haya CTA. Da igual que no se enseñe producto. Da igual que emocione como una serie. Si hay estrategia de marca detrás, debe asumirse en el propio contenido.
¡Y aquí está la gran oportunidad! El futuro del branded content no pasa por camuflarse como contenido orgánico, sino por consolidarse como un género propio, reconocido, transparente y creativo. Un espacio donde el espectador sepa que está ante una historia de marca… y aun así quiera verla.
Durante años se ha pensado que identificar un contenido como publi le quita magia. Cada vez más, ocurre lo contrario.
En un entorno saturado de mensajes, la confianza es el nuevo KPI invisible. Y la confianza se rompe cuando el espectador siente que le han colado algo “como si fuera orgánico”.
Las marcas que lideren el branded content en los próximos años no serán las que mejor se escondan en el feed, sino las que mejor sepan decir: “Sí, esta historia es nuestra. Y aun así merece tu atención.”
Porque el branded content no va a desaparecer. Los microdramas tampoco. Lo que sí va a desaparecer es la ambigüedad cómoda entre publi y contenido orgánico. Y para marketing, eso no es una amenaza. Es el nacimiento de un nuevo territorio creativo con reglas claras… y muchísimo recorrido.
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