Infraestructura verde urbana: ciencia y planificación para ciudades más habitables

Artículos27 de mayo de 2026
Ciencia en Sociedad presenta una nueva conversación de la serie "Encuentros con Científicos", dedicada al valor de la infraestructura verde urbana y a la necesidad de planificarla con criterios científicos, técnicos y jurídicos.

La conversación cuenta con la participación de Víctor Moralo, Socio/Partner y Chief Sustainability Officer en ECIJA; Óscar Martínez Gaitán, ingeniero agrícola y fundador de Los Árboles Mágicos; y Antonio Delgado, doctor en Geología y profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Ciencias de la Tierra, quien aporta la perspectiva científica de la conversación.


El diálogo parte de una idea central: los árboles urbanos ya no pueden entenderse únicamente como elementos ornamentales o como espacios libres dentro del planeamiento urbanístico. En el contexto actual, marcado por el cambio climático, el aumento de las temperaturas y la necesidad de adaptar las ciudades, la infraestructura verde adquiere una función mucho más amplia. Su valor reside en los servicios ecosistémicos que presta: generación de sombra, reducción del efecto isla de calor, mejora de la calidad del aire, regulación de la humedad, absorción de partículas contaminantes, reducción del ruido, creación de espacios de socialización y mejora del bienestar físico y mental de la ciudadanía.


Desde la perspectiva jurídica, Víctor Moralo sitúa el debate en el marco normativo europeo y español, destacando la creciente importancia de la restauración de ecosistemas, la biodiversidad y la integración de criterios climáticos en la planificación urbana. En este sentido, recuerda que las ciudades están llamadas a incorporar de forma transversal la sostenibilidad en sus instrumentos de planeamiento, no como una cuestión accesoria, sino como una condición necesaria para mejorar su resiliencia y calidad de vida.


Antonio Delgado introduce una reflexión científica relevante: los parques y árboles urbanos no deben ser presentados de forma simplista como grandes sumideros de CO₂ capaces de compensar el cambio climático global. Su contribución a la fotosíntesis planetaria es limitada en términos cuantitativos. Sin embargo, su importancia es enorme a escala local. Las zonas verdes urbanas ayudan a reducir temperaturas mediante la sombra y la evapotranspiración, favorecen la retención de partículas contaminantes como las PM10 y PM2,5, contribuyen a mitigar determinados gases presentes en las ciudades y generan pequeños ecosistemas en los que interactúan suelo, agua, hongos, aves, insectos y vegetación.


La conversación pone especial énfasis en que el verde urbano debe diseñarse con el mismo rigor que cualquier otra infraestructura. Óscar Martínez Gaitán explica que no tendría sentido construir un edificio o un puente sin una cimentación adecuada, pero que, sin embargo, con frecuencia se plantan árboles de gran porte en alcorques insuficientes, sin espacio para el desarrollo radicular ni una planificación adecuada de su crecimiento futuro. Esta falta de criterio técnico puede derivar en problemas de salud del arbolado, caídas, podas innecesarias y una menor eficacia de los servicios que se espera que presten.


Uno de los puntos destacados de la conversación es la crítica a una gestión puramente estética o mecánica de las zonas verdes. Los participantes alertan sobre prácticas como la poda sistemática sin justificación, el uso indiscriminado de maquinaria, el desbroce sin atención a la biodiversidad o la implantación de praderas en lugares donde no cumplen ninguna función social ni ambiental. La gestión del verde urbano, señalan, debe apoyarse en conocimiento técnico, criterios científicos y una adecuada redacción de ordenanzas, contratos públicos y pliegos de mantenimiento.


La conversación también aborda el debate sobre el agua y la elección de especies vegetales en entornos urbanos, especialmente en climas mediterráneos. Se subraya que no basta con hablar de especies autóctonas de forma genérica, ya que la ciudad es un entorno profundamente transformado. La elección de árboles y plantas debe responder a las condiciones reales del espacio urbano, a la disponibilidad hídrica, a la capacidad de generar sombra, al comportamiento frente al calor y a los objetivos concretos de cada zona. En este sentido, se apunta a la necesidad de investigar nuevas variedades, recuperar aguas pluviales o grises cuando sea posible y eliminar praderas o céspedes que no aporten una función social clara.


Otro de los ejes tratados es la dimensión social del parque urbano. Frente a una visión centrada únicamente en grandes parques periurbanos, los participantes reivindican la importancia del parque de barrio, la plaza y los espacios verdes de proximidad. Estos lugares permiten la convivencia entre generaciones, favorecen la pertenencia comunitaria, ofrecen espacios de juego, descanso y encuentro, y contribuyen a igualar oportunidades entre vecinos. La infraestructura verde, por tanto, no solo tiene una función ambiental, sino también social, cultural y sanitaria.


La conversación cierra con una idea compartida: las ciudades del futuro no serán más sostenibles simplemente por incorporar más superficie verde, sino por planificarla mejor. La infraestructura verde urbana exige una mirada transversal que conecte ciencia, urbanismo, derecho, contratación pública, mantenimiento, salud y participación ciudadana. Los “árboles mágicos” no lo son por una cualidad abstracta o simbólica, sino por su capacidad real de transformar la vida urbana cuando se plantan, cuidan y gestionan con criterio.


Con esta nueva entrega de Encuentros con Científicos, Ciencia en Sociedad abre un espacio de reflexión sobre uno de los grandes retos urbanos de nuestro tiempo: comprender que el verde no es un adorno de la ciudad, sino una infraestructura esencial para su adaptación, su habitabilidad y su futuro.


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Una impresionante cascada rodeada de acantilados y vegetación en un entorno natural.

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