El riesgo de invertir a golpe de ‘reel’ entre los jóvenes

Artículos29 de diciembre de 2025
Cristina Villasante, socia de ECIJA, subraya la importancia de identificar claramente los contenidos publicitarios y cumplir con las estrictas obligaciones legales que rigen la difusión de recomendaciones financieras, especialmente cuando estas se dirigen a públicos jóvenes y vulnerables.

Las redes sociales se han convertido en una de las principales fuentes de información financiera para los jóvenes. Plataformas como TikTok, Instagram o YouTube concentran miles de vídeos cortos —reels— en los que creadores de contenido explican estrategias de inversión, recomiendan valores o prometen fórmulas para alcanzar la independencia financiera en poco tiempo. Sin embargo, detrás de este lenguaje cercano y aspiracional se esconde, en muchos casos, una narrativa de éxito rápido que minimiza los riesgos y distorsiona la realidad de los mercados.


Este fenómeno preocupa especialmente a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), que desde 2022 vigila de forma activa la actividad de los finfluencers. El supervisor alerta de que muchas de estas recomendaciones pueden encubrir conflictos de interés, como comisiones por captar nuevos clientes para plataformas de inversión o la venta de cursos que prometen rentabilidades poco realistas.


Los análisis más recientes de Funcas identifican tres grupos especialmente vulnerables: jóvenes que buscan ganancias rápidas y se informan exclusivamente a través de redes sociales; personas con ingresos bajos o inestables, más propensas a asumir riesgos excesivos; y usuarios con baja educación financiera, que tienden a sobrestimar su capacidad para comprender productos complejos.


Ante este escenario, la CNMV ha aclarado recientemente cuándo la actividad de los finfluencers puede considerarse captación de clientes, una función reservada únicamente a entidades autorizadas. En este punto, Cristina Villasante, socia de ECIJA, recuerda que: “Si existe una contraprestación económica, el contenido debe identificarse de forma inequívoca como publicidad. Los creadores pueden difundir mensajes publicitarios, pero no captar clientes ni interactuar con ellos respondiendo consultas para inducir a la inversión.”


Esta distinción es clave desde el punto de vista jurídico, ya que el incumplimiento de estas obligaciones puede dar lugar a sanciones relevantes, que alcanzan hasta los 500.000 euros para personas físicas y un millón de euros para personas jurídicas.


La preocupación no se limita al regulador. La OCU ha denunciado recientemente prácticas presuntamente engañosas de empresas de formación financiera online, poniendo el foco en mensajes de urgencia, promesas de resultados rápidos y posibles vulneraciones del derecho de desistimiento. Todo ello refuerza la idea de que la línea entre divulgación, publicidad y recomendación de inversión es cada vez más difusa en el entorno digital.


Desde una perspectiva legal, los expertos coinciden en que lo determinante no es cómo se autodefine el finfluencer, sino el contenido y la finalidad real del mensaje. Si una publicación incita a invertir en determinados valores o productos financieros, debe cumplir con los requisitos de claridad, objetividad y transparencia exigidos por la normativa, diferenciando hechos de opiniones y evitando omitir información relevante que pueda inducir a error. En este sentido, Villasante subraya la necesidad de extremar la diligencia cuando el público objetivo incluye a menores o jóvenes con escasa experiencia inversora.


Mientras tanto, el papel de las grandes plataformas digitales sigue siendo objeto de debate. La CNMV ha sancionado recientemente a X por no bloquear anuncios de presuntos chiringuitos financieros, y denuncia la falta de colaboración de algunas redes sociales, frente a los compromisos asumidos por otras como Google o Meta para verificar la autorización de los anunciantes.


En un contexto en el que uno de cada tres jóvenes entre 18 y 30 años ha invertido en el último año y un 15% reconoce haber sufrido alguna estafa reciente, la combinación de supervisión efectiva, responsabilidad de las plataformas y educación financiera transparente se vuelve esencial. De lo contrario, muchos seguirán tomando decisiones de inversión “a golpe de reel”, sin distinguir entre información objetiva y publicidad encubierta, con consecuencias potencialmente graves para su economía personal.


Accede al artículo completo publicado en El País aquí.

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