Consentimiento, responsabilidad y algoritmos: el derecho de los pagos
El sector de los pagos se encuentra ante un nuevo punto de inflexión.
La inteligencia artificial está a punto de acceder a un mercado que aglutina el 65,7% de las operaciones de pago realizadas con instrumentos distintos del efectivo: 195.000 millones de euros por semestre. Todos estamos familiarizados con ChatGPT, Claude o Gemini. Dentro de no demasiado tiempo podremos hacer compras directamente a tra vés de estas (y otras) herramientas. Por ejemplo, podremos pedirle que nos recomiende zapatillas y comprar las que elijamos directamente en la propia conversación o, incluso, las que la IA elija para nosotros en base a nuestros gustos.
Precisamente, es el aterrizaje de la inteligencia artificial agéntica el impulso de esta nueva revolución en la forma de comprar. A diferencia de los asistentes virtuales convencionales, que responden preguntas o generan contenidos, esta nueva generación de IA es capaz de tomar decisiones y ejecutar acciones concretas con una intervención humana mínima.
En el ámbito de los pagos, esto im plica un cambio sustancial, ya que abre la posibilidad de que la IA no solo nos recomiende un producto, sino que complete la transacción en nuestro nombre. Los principales actores del sector, como Visa, Mastercard y American Express, ya trabajan para integrar esta tecnología en sus servicios. El objetivo es avanzar hacia modelos en los que el proceso de compra se auto matice progresivamente, reduciendo la intervención humana a su mínima expresión: la decisión de compra de un producto. Este desarrollo tecnológico forma parte de un proceso más amplio en el que la inteligencia artificial simplifica un número cada vez mayor de tareas cotidianas. Si hoy los usuarios ya confían en algoritmos para obtener información, gestionar su agenda o recibir recomendaciones personalizadas, el siguiente paso es trasladar esa confianza al ámbito de las transacciones. Delegar el proceso de compra en máquinas introduce una cuestión crítica desde la óptica jurídica y re gulatoria. ¿Quién asume la responsabilidad en caso de error, la máquina que hizo la compra o el usuario que tomó la decisión?
Estas preguntas no tienen una respuesta sencilla. La regulación actual no ha sido diseñada pensando en agentes autónomos de inteligencia artificial. El Reglamento 2024/1689 de Inteligencia Artificial de la Unión Europea (la norma más desarrollada sobre esta materia del mundo) no menciona a estos agentes, sino que los engloba dentro de la categoría general de “sistemas de inteligencia artificial”.
En paralelo, las normas que regulan los servicios de pago están en pleno proceso de actualización. La nueva directiva europea en esta ma teria (PSD3) y su reglamento (PSR) se encuentran todavía en fase de tramitación parlamentaria. Y, pese a esta actualización, no contemplan de forma expresa escenarios de au tomatización completa de decisiones de compra.
El marco regulatorio actual parte de una premisa que comienza a tensionarse, y es que quien realiza una compra es quien adopta la decisión. La llegada de la IA agéntica cuestiona este supuesto y obliga a replantear conceptos tradicionales como el con sentimiento o la responsabilidad. Las empresas tecnológicas avanzan a un ritmo que los legisladores no pueden seguir, de modo que los consumido res se encuentran en una situación donde las reglas aplicables aún no están definidas con claridad, pero la tecnología ya está lista para ello. No obstante, existe un principio previsiblemente claro que deberá servir de guía. Los sistemas de IA en ningún caso pueden servir para eximir a las empresas de sus respon sabilidades frente a consumidores y usuarios. La progresiva automatiza ción de las compras es una tendencia en desarrollo.
El reto será garantizar que este avance tecnológico se integre en un marco jurídico seguro y confiable en el mercado.
Accede al artículo completo aquí.