¿Y si el problema del sector legal no es la tecnología, sino la gestión?

Artículos18 de agosto de 2026
Belén de Moya, directora operativa del área de Legal Tech de ECIJA Madrid, reflexiona en Expansión sobre por qué la transformación digital de los despachos españoles avanza más despacio de lo esperado. Su conclusión: el freno no es tecnológico, sino de gestión.

En los últimos cinco años, el sector legal español ha abrazado con entusiasmo el discurso de la innovación inteligencia artificial, automatización de contratos, legaltech hasta convertirlo en tema obligado de foros y memorias anuales. Sin embargo, la autora señala una paradoja incómoda: se habla de innovación con más soltura de la que se emplea para ejecutarla. No es un problema de voluntad, presupuesto ni herramientas, sino de método: la mayoría de los despachos lanza sus iniciativas sin un plan de ejecución riguroso, sin hitos medibles y sin un responsable claro más allá del socio que tuvo la idea original.

El resultado, según Belén de Moya, es previsible: proyectos que arrancan con entusiasmo, se diluyen en la operativa diaria y terminan olvidados en una carpeta compartida. Esta brecha tiene raíces culturales profundas, ya que la abogacía se ha construido sobre el criterio individual y una cultura donde el prestigio se mide por el conocimiento técnico, no por la capacidad organizativa. Gestionar un proyecto suena a algo propio de una consultora y no de un bufete, y ahí reside precisamente el error de fondo.

La imagen presenta dos formas abstractas en blanco y negro con un diseño ondulado.

La autora ilustra su argumento con un caso real: una organización que llevaba dos años intentando implantar una herramienta de gestión de contratos, atrapada en reuniones y pilotos que nunca arrancaban. La situación cambió cuando se nombró a un responsable de proyecto con dedicación real, autoridad para decidir y un calendario con hitos no negociables. En solo seis meses, la herramienta estaba operativa en tres áreas de negocio, sin que cambiara ni la tecnología ni el presupuesto disponible.

De Moya concluye que la gestión no es un lujo organizativo, sino una condición necesaria de la propia transformación digital. Cada proyecto anunciado y no culminado erosiona la confianza del equipo en las siguientes iniciativas y supone un coste real en tiempo y credibilidad interna. Por ello, plantea que antes de elegir la herramienta o montar el comité, la pregunta esencial debería ser siempre la misma: ¿quién va a dirigir esto y con qué plan? Sin respuesta a esa pregunta, no hay proyecto, solo una buena intención.

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