Integrando UE y LATAM: consideraciones en torno a la transparencia, la medición de impacto y nuevos estándares empresariales “B Corp”

Artículos17 de diciembre de 2025
Propósito, reportabilidad y diligencia debida: cómo se conectan las exigencias ESG de la UE con la evolución del ecosistema de triple impacto en América Latina.

Comenzamos hablando de sostenibilidad empresarial y propósito. La sostenibilidad empresarial no es una tendencia. La sostenibilidad empresarial es un imperativo estratégico y ético para aquellas empresas que aspiran a tener un propósito en el mercado y en la sociedad, a contribuir activamente al bienestar social y ambiental.


Andrew Kassoy, cofundador de B Lab, lo resume con una visión provocadora: “No alcanzamos a imaginar cuán extraordinario puede ser el capitalismo cuando se diseña y estructura de forma adecuada”. Desde el sector privado, las empresas, como uno de los principales motores de la economía, cumplen un rol clave en esta transformación.   Cuando hablamos de esta nueva genética empresarial hablamos de “empresas con propósito”, también conocidas como “empresas de triple impacto”, “empresas B” o “BIC”, entre otras denominaciones, que buscan ser parte de las soluciones a los problemas y desafíos globales que nos afectan a todos por ser habitantes de esta “casa común”.


En estricto sentido técnico, se denomina “Empresas B”, a la empresa de triple impacto que utilizando la Herramienta de medición de Impacto B (“B Impact Assesment o BIA”, en inglés), ha obtenido el puntaje necesario para acceder a la certificación otorgada por la organización BLab, la certificación “B”.


Esta herramienta de medición de impacto, que es on-line, confidencial y gratuita, permite a las empresas analizar su desempeño en grandes áreas: Clientes, Gobernanza, Trabajadores, Comunidad y Medio Ambiente. 


Con independencia de obtener el puntaje necesario mínimo que le permita certificarse, el solo hecho de su utilización para medir el impacto genera un diagnóstico sobre el desempeño de la empresa en cada una de las áreas evaluadas lo que les permite evaluar su desempeño y trazar objetivos de mejora.

Según el informe “B Corp Month” de BLab, a marzo de 2025, existían 9.576 empresas certificadas B en 160 sectores en 102 países. y se estima que emplean a más de un millón de personas.


Esta afirmación invita a repensar el sistema económico desde sus fundamentos, promoviendo modelos que integren propósito, transparencia y responsabilidad. La sostenibilidad, en este sentido, no es una carga regulatoria, sino una oportunidad para transformar el mercado en una fuerza colectiva y positiva al servicio del bien común.


Alineamiento por una economía sostenible e integral: Unión Europea. El camino hacia una economía sostenible sigue su curso aunque encontremos en el contexto global diversas posiciones y políticas que desatienden los criterios ASG – Ambiental, Social y Gobernanza (o globalmente nombrados “ESG”, Environmental - Social – Governance, por sus siglas en inglés). Ahora bien, son muchos los países que, a pesar del contexto actual, adoptan como política pública de nivel superior los criterios de sostenibilidad y otros muchos, donde la economía misma, el empresariado y los consumidores, son los que demandan una urgente transformación que nos permita seguir habitando nuestro planeta, nuestra “casa común”.


Los factores ESG comprenden un conjunto de patrones de impacto positivo de soluciones, cuyo propósito consiste en evaluar cómo una empresa asume su riesgo y gestiona su sostenibilidad, como así la organización civil y también la política pública impacta en las personas, en las comunidades, y en el medio ambiente.


En el medio ambiente (E), entre otras pautas de impacto se considera el manejo de los recursos naturales en general, renovables y no renovables, las emisiones de gases de efecto invernadero, uso de recursos hídricos, impactos sobre la biodiversidad, economía circular y gestión residuos, entre otros.


En lo social (S), es considerada la relación e impacto sobre las personas dentro y fuera de la empresa, la seguridad, la diversidad, los derechos humanos, la relación con la cadena de actividad de la empresa y la calidad del vínculo con la comunidad.


En la gobernanza (G), la mirada se despliega en un abanico que incluye la transparencia y la ética, la conformación de los directorios, las comisiones de sustentabilidad con inclusión de actores ajenos a la propiedad de la empresa, las políticas que contemplan la inclusión y diversidad, la relación con la cadena de actividad y todos los grupos de interés.


Pues bien, la directiva 2022/2464, CSRD (Corporate Sustainability Reporting Directive) obliga a las empresas más estratégicas e importantes dentro del ámbito de la Unión Europea a informar en forma estandarizada y verificable con datos comparables y confiables. La CSRD constituye un auténtico marco legal que obliga a cumplir con el reporte de sustentabilidad y los ESRS (European Sustainability Reporting Standards) conforman el estándar técnico que define qué información debe reunir para cumplir con los primeros.


Trabajar con los reportes ESG bajo la Directiva (UE) 2022/2464 (o CSRD), estructura de forma trazable el desempeño de la empresa en las cuestiones sociales, ambientales y de gobernanza y clarifica el camino para los inversionistas y clientes. La CSRD (1 y 2) comprende la doble materialidad -impacto financiero y del negocio- y en esa línea, el soporte dentro del marco GRI -materialidad de impacto- entre otros, como en el ISSB -materialidad financiera- son de utilidad como información y comunicación global que abarca los criterios ESG.


Miles de empresas de la UE comienzan a reportar aspectos ambientales, sociales, de transparencia en la gobernanza corporativa y una rigurosa rendición de cuentas, lo cual tiene incidencia intrazona y exorbita a la vez la comunidad jurídica europea por el principio de extraterritorialidad, quedando comprendidas en la obligación de prevención y mitigación de impactos negativos aquellas que por su vinculación integran la cadena de actividad, es decir, aplica fuera del territorio alcanzando a empresas que están fuera de la jurisdicción de la UE. Este marco jurídico viene definido por la Directiva (UE) 2024/1760 (o CS3D). 


Efectivamente, la Directiva CS3D tiene por objeto garantizar que las grandes empresas que operan en el mercado interior contribuyan al desarrollo sostenible y a la transición hacia la sostenibilidad de las economías y las sociedades mediante la identificación y, en caso necesario, la priorización, prevención y mitigación, la eliminación, la reducción al mínimo y la reparación de las repercusiones negativas potenciales o reales sobre los derechos humanos y el medio ambiente relacionadas con las propias actividades de las empresas, las de sus filiales y las de sus socios comerciales en la cadena de actividades de las empresas. 


El proceso de diligencia debida establecido en la presente Directiva debe abarcar los Seis pasos definidos por dicha guía  para una Conducta Empresarial Responsable de la OCDE: i) integrar la diligencia debida en las políticas y los sistemas de gestión; ii) identificar y evaluar los impactos adversos sobre los derechos humanos y el medio ambiente; iii) prevenir, cesar o minimizar los impactos adversos reales y potenciales sobre los derechos humanos y el medio ambiente; iv) supervisar y evaluar la eficacia de las medidas; v) comunicar, vi) proporcionar reparación.


En definitiva, las Directrices de la Unión Europea, dentro del marco global de los criterios ESG, comprenden diversos estándares para las diferentes áreas de la economía, poniendo el foco en la transición climática, la protección de los recursos naturales, la biodiversidad, la economía circular, la emisión de GEI, los derechos humanos, la salud, la gobernanza corporativa, la transparencia y la ética en los negocios, la  prevención y mitigación de los efectos adversos objetivos de la propia empresa, su cadena de actividad y stakeholders. Siendo así, que los criterios ESG se han consolidado en términos de regulación para evaluar y exigirla sostenibilidad empresarial en la UE, pero trascendiendo en términos globales.


La importancia de las Iniciativas globales, la necesidad de transparencia y los nuevos estándares B Corp. El 3, 4 y 5 de septiembre este año como antesala de la COP30,  en la ciudad brasilera de Belém, Pará, en un territorio clave como la Amazonía,  tuvo lugar el Encuentro Global +B Amazônia 2025, con la participación de más de 750 personas de 20 países y 80 referentes de la comunidad global de Empresas B, líderes y agentes de cambio.


En dicho encuentro se destacó la idea del cuidado como eje transformador, promoviendo decisiones centradas en las personas y el bien común y reafirmó que las soluciones a los desafíos sociales y ambientales ya existen y nacen desde los saberes ancestrales, la fuerza de la naturaleza y la acción colectiva hacia una transición justa. Bajo el lema “La raíz del futuro”, se elaboró un manifiesto que tiene como objetivo impulsar una nueva economía coherente, humana y regenerativa, con foco en redefinir el éxito empresarial. En términos prácticos se anunció formalmente que a partir de 2026, la certificadora B Lab implementará una transformación profunda en su herramienta de evaluación: la BIA, una nueva medición en toda su amplitud de término, elevando así los estándares sobre la base de siete ejes básicos e ineludibles que exigirán su reportabilidad, a saber: i)gobernanza y propósito; ii) acción climática; iii)derechos humanos; iv) trabajo justo; v)gestión ambiental y circularidad; justicia, equidad, diversidad e inclusión (JEDI); vi) asuntos gubernamentales; y vii) acción colectiva (incluyendo transparencia fiscal).


Esta actualización representa un cambio de paradigma en los criterios de certificación, abandonando el tradicional sistema de puntuación acumulativa —basado en alcanzar 80 puntos distribuidos entre cinco áreas de desempeño— para adoptar un modelo más riguroso y alineado con los desafíos actuales. Este enfoque busca elevar la vara del compromiso empresarial, consolidando a la BIA como una guía de transformación sistémica. Esta evolución en los estándares B Corp dialoga directamente con iniciativas globales como el Pacto Global de Naciones Unidas, la mayor iniciativa de sostenibilidad empresarial del mundo.   Con más de 20.000 empresas adheridas en 78 países, el Pacto Global de las Naciones Unidas promueve los Diez Principios en derechos humanos, trabajo, medio ambiente y anticorrupción, y con la creciente exigencia de transparencia y reportabilidad en la gestión empresarial. 


La incorporación del impacto positivo como parte de la estrategia de negocio no solo responde a una demanda ética, sino también a una lógica competitiva que conecta los marcos regulatorios europeos con los desafíos y oportunidades en América Latina. Esta alineación en la cadena de valor es clave para que las empresas puedan cumplir con estándares internacionales, fortalecer su resiliencia y generar confianza en mercados globales, consolidando un ecosistema donde la sostenibilidad y la rentabilidad se integran como pilares inseparables.

 

En resumen, podemos concluir. El ecosistema de triple impacto marca un claro camino y pone de manifiesto la necesidad de ajustar los estándares empresariales a nivel mundial, el sello B se expande internacionalmente fortaleciendo la credibilidad, la transparencia pública y prestigio como una señal diferenciación competitiva y posicionamiento de mercado.


En definitiva, la convergencia entre los nuevos estándares B Corp, los principios del Pacto Global y las normativas europeas evidencia que la sostenibilidad no es una opción, sino un requisito estratégico para las empresas que buscan permanecer relevantes en un contexto global interconectado. 

Las empresas pueden estar alineadas con la sostenibilidad, el bien común y el entorno natural donde se mueven, la lucha contra el cambio climático y el objetivo mundial de balance neto cero para 2050, siendo necesario tener en cuenta la hoja de ruta y los progresos que realicen para alcanzar dichas metas, así como la complejidad y la naturaleza evolutiva de las distintas circunstancias concurrentes. Para ello, cuentan con herramientas e instrumentos que pueden o deben aplicar, dependiendo de sus distintas jurisdicciones. 

Una vista panorámica en blanco y negro de montañas cubiertas de niebla y neblina.

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