¿Puede la abogacía permitirse innovar?

Artículos15 de julio de 2026
Articulo escrito por Jimena Suárez Consultora de ECIJA Madrid.

Desde tiempos inmemoriales la figura del abogado ha estado intrínsecamente relacionada con vestimentas particulares, frases célebres como aquel “En esta sala no podemos permitirnos adivinar”, de Doce hombres sin piedad, y, sobre todo, métodos y habilidades vinculadas única y exclusivamente a todos los que nos dedicamos a esta profesión. Podría decirse que la palabra abogacía, entre otras, y a pesar de no contemplar esta acepción, incluye de alguna manera la tradición más absoluta. Inevitablemente, cuando pensamos en oficios tradicionales, una parte de nosotros acude directamente a los abogados. 

No obstante, ¿es esto cierto? ¿Sigue siendo la abogacía una disciplina anclada en la metodología old-school? 

Analicemos el estado de la cuestión. 

Un recuerdo que permanece en mi imaginario es el de mi madre, en su pequeño despacho, rodeada de papeles. Todos ellos se encontraban en sus respectivas carpetas, apilados en montañas que parecían no tener final. Etiquetados, con sus coloridos post-it, repartidos entre su mesa y las estanterías, para mí, conformaban su espacio de trabajo. Era el lugar donde saber, trabajo y conocimiento se almacenaban, por lo que, en consecuencia, debía ser el perfecto escenario del abogado. 

Hoy, sin embargo, si me adentrase en su despacho, la visión sería diferente. Seguiría teniendo la misma mesa, y, detrás, seguirían estando los característicos mementos y manuales correctamente situados en la biblioteca. No obstante, aquellas carpetas y torres de papel, esa organización que resultaba tan sumamente impactante como familiar, todo aquello, ha dejado de formar parte del entramado visual. Porque, desde hace unos años, a pesar de seguir tomando notas en papel, acudiendo con sus expedientes a juicios, y utilizando su agenda para no perder detalle, esta metodología coexiste con la digitalización, creando, por tanto, otra escenografía a ojos del espectador. 

Y es que el abogado del siglo XXI se encuentra frente a una oportunidad nunca antes contemplada. Ha descubierto que, las carpetas, post-it y papeles pueden convivir con las nuevas tecnologías y se puede no morir en el intento. Cambiar no es sinónimo de arrasar. De manera estructural, gradual y consciente podemos adoptar aquellas herramientas que más nos convengan, sin que por ello tengamos que perder nuestra identidad. 

No se trata de sustituir nuestro criterio, impostar aquello que no queremos ser o transformar las montañas de papel en líneas de código. Al contrario, el objetivo es automatizar lo mecánico, y así humanizar lo que nos hace complejos. Que donde antes se encontraba un sector calificado como inmóvil, ahora se encuentre otro que va mucho más allá, sosteniendo los cimientos que le permitieron crecer, y así rediseñando todo el futuro que está por llegar. 

Cuando se sitúan en el centro las necesidades del usuario, aquellas preocupaciones que antes ralentizaban el trabajo pueden convertirse en oportunidades para hacerlo más eficiente. ¿Nos permite cambiar la manera en la que renombramos nuestros documentos? Perfecto. ¿Eso se traduce en evitar trabajar sobre versiones antiguas? Mejor aún. ¿Nos permite contar con un sistema que integre un repositorio conectado a la inteligencia artificial? Perfecto. ¿Eso facilita mejoras que aligeran nuestro trabajo diario? Mejor aún. 

Un rascacielos de vidrio que se eleva hacia un cielo nublado.

Desde el uso de IA Generativa para levantar casos de uso hasta la extracción de metadatos, la profesión ha experimentado un giro significativo en los últimos años. Por primera vez, podemos utilizar herramientas que nos permiten ahorrar tiempo de trabajo, permitiendo redirigirlo a otras cuestiones, ya sea, esa última revisión exhaustiva sin tener la cabeza frita o indicarle a nuestro compañero cómo llegar a la documentación del proyecto. Y así, con multitud de oportunidades más. 

Ahora bien, ¡cuidado! Tomemos conciencia de que no es baladí lo anteriormente expuesto. Descrito en un brevísimo artículo, no se puede entrar en detalle cómo se debería, pero, que quede constancia: este cambio transversal, en realidad, lleva generaciones dándose. Recordemos que primero llegó el correo electrónico, después aparecieron los buscadores de jurisprudencia digitales e incluso, recientemente, hemos tenido las narices de crear gestores del ciclo de vida de contratos (CLM). Todo ello con un tomo de Derecho Civil en una mano y los principios de Asimov en la otra, ¡será por ambición! 

Como dice el saber popular: a problemas, soluciones. Si no, que se lo digan a mi madre, que aún recuerda cómo tenía que acudir a la biblioteca del ICAM para rebuscar entre sus archivos y así poder encontrar la sentencia perfecta. Además, todo con cabeza y corriendo, ¡no se podía perder ni un minuto! 

Sin duda, han sido estos pequeños pasos los que nos han otorgado la posibilidad de redefinir el futuro que nos espera. Quien considere que aún estamos ante un cambio estético, visualmente atractivo, pero superficialmente incapacitante, debe comprender lo siguiente: se trata de un cambio de paradigma. Hemos aprendido a conversar utilizando un nuevo lenguaje, desarrollando habilidades híbridas que no buscan alejarnos de nuestro expertise, sino que tratan de acercarnos a él.  

Por tanto, que el abogado siga teniendo su modus operandi —y que este sea calificado por algunos como tradicional— no significa que no esté preparado para transformarse. Al contrario, ha demostrado que es perfectamente capaz de hacerlo y, además, que todavía puede seguir haciéndolo.  

Hay una frase que acompaña al estudiante de Derecho desde que entra en la Facultad: el abogado pasará toda su vida estudiando. Se afirma con rotundidad y, en mi caso, solo puedo confirmar que es cierto, y supongo que lo seguirá siendo durante muchos años más. Así que, como dirían algunos, podría parecer que la suerte no está de nuestro lado. Sin embargo, quizá precisamente por eso me adentré en el mundo LegalTech: porque me gusta pensar que no es así. La suerte, las oportunidades y las ganas de seguir avanzando sí que están de nuestro lado. Cada día exploramos terrenos distintos y cambiantes y, aun así, ante la incertidumbre que supone, cada vez somos más los abogados que buscamos formar parte de este ámbito. Jóvenes y mayores convergen alrededor de las nuevas tecnologías, con un mismo propósito: encontrar soluciones que permitan seguir transformando la abogacía. Al fin y al cabo, ¿y si en esta sala sí podemos permitirnos innovar? 

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