'Instagram, crisis de reputación y demandas colectivas' por Alejandro Touriño, socio de Information Technology de ECIJA
La historia se repite. Una gran compañía de Internet, con una masa crítica de usuarios más que apetecible –más de cien millones-, decide dar un cambio de rumbo en su forma de monetizar el negocio y sus usuarios, sintiéndose agraviados por el cambio, protagonizan una fuga masiva a un competidor de la empresa. ¿Os suena? Hasta aquí podría ser una historia de tantas start-ups de Internet, pero el último caso cuenta con un protagonista inesperado: Instagram.
Pongámonos en antecedentes. Instagram es la tecnología del momento, una aplicación para dispositivos móviles -ahora también servicio web- que ha logrado lo que para muchos es la democratización de la fotografía semi-profesional. Por algo Facebook ha pagado cerca de mil millones de dólares por ella. Pero Instagram no es sólo una aplicación de fotografía sino una red social en sí misma. No es una herramienta privada con la que obtener efectos fotográficos de forma sencilla, sino que es una red social que, salvo que el usuario la configure expresamente de otro modo, pone a disposición de cualquier tercero las fotografías realizadas a través de la aplicación. Es decir, que esa fotografía que ha sido tomada en la intimidad es accesible por cualquier tercero, salvo que previamente el usuario haya indicado lo contrario.
Esta circunstancia –que no es precisamente garantista con la privacidad del usuario- había sido asumida de manera natural por el usuario de la aplicación. No en vano, Instagram logró en tiempo record cifras mareantes de público. Estos datos, unidos a la carencia de Facebook de contar con un servicio fotográfico potente, precipitaron la compra de la start-up por el gigante de las redes sociales. Pero la compra de la compañía por Facebook ha desencadenado una serie de cambios trascendentes, alguno de los cuales no ha sentado demasiado bien a su comunidad de fieles.
En particular, hace apenas unos días Instagram anuciaba un cambio en sus términos de uso, en lo relativo a los derechos sobre las fotografías publicadas por los usuarios. Sobre la base de la nueva redacción, cuya entrada en vigor estaba fijada para el próximo 16 de enero, Instagram estaría legitimada para obtener una cantidad económica de cualquier entidad por permitir emplear nuestro nombre de usuario, gustos, fotos (con cualquier asociación de metadatos), y/o cualquier cosa que hagamos, para contenidos de pagos esponsorizados o promociones, sin ninguna compensación para el usuario. Es decir, que de entrar finalmente en vigor esta actualización de sus términos y condiciones,Instagram estaría facultada para vender nuestros contenidos, perdiendo el usuario el poder sobre los mismos, y sin recibir nada a cambio.
Este anuncio de cambio en sus condiciones de uso provocó una crisis de reputación en toda regla, que hacía pensar en un desplome del servicio, otra promesa .com que se caía. La primera de las consecuencias, el desvío masivo de usuarios (famosos incluidos) a su rival Flickr, propiedad de Yahoo!. No hay cifras oficiales de este trasvase de usuarios, pero sí ingente información en los buscadores acerca de usuarios que han decido dar el salto de no retorno hacia la aplicación de Yahoo!
Ante esta presión, Instagram no se hizo esperar. Temerosa ante la posibilidad de perder usuarios, Instagram publicó en el blog de la compañía una nota en la que asegura que“no es nuestra intención vender tus fotografías. Estamos trabajando en la modificación de los términos y condiciones del servicio para asegurar que esto es claro”. Por si no fuera poco Pero el clamor popular no ha quedado ahí.
La segunda en la frente de Instagram ha sido el anuncio en el día de hoy de una demanda colectiva ejercitada ante un tribunal federal de EEUU para impedir el uso comercial de imágenes por Instagram, algo que los demandantes consideran como una violación de sus derechos. Por la información que nos llega, y aun a riesgo de saber que en un procedimiento judicial puede pasar cualquier cosa, el texto de la demanda suena más a pataleta que al fin judicial de la compañía, principalmente por cuanto que la medida propuesta nunca llegó a entrar en vigor y, en consecuencia, los derechos de los usuarios nunca se han llegado a ver afectados por aquélla.
Pataleta o no, lo cierto es que la reputación de Instagram se ha visto mermada por una decisión unilateral de la compañía, a la cual toca ahora remar para recuperar el honor perdido. Tiempos de crisis (aunque sean de reputación), también para los gigantes de Internet.
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