El caso Banksy: Cuando el anonimato es en sí mismo la obra
En el imaginario colectivo, Banksy había sido construido como una aleación imposible entre Batman y Robin Hood: artista, anarquista, anticapitalista, provocador, un fantasma urbano que se movía en las sombras y pintaba a espray los muros con crítica. Un mito en sí mismo. Nadie esperaba menos de quien había instalado en secreto una trituradora dentro del marco de una pintura — la icónica niña con el globo rojo — para que se destruyera en el instante exacto en que el martillo de Sotheby's cayó sobre una oferta de más de £1,000,000. Un acto de sabotaje perfecto desde la clandestinidad.
Cuando la noticia de la identidad de Bansky circuló, no se reveló a un genio incomprendido, ni a un activista radical. No. Banksy era, como lo han descrito en medios de prensa, un “tipo blanco promedio”.
Continuar leyendo la columna de nuestra socia experta en Propiedad Intelectual, Monserrat Soto, para la revista regional Mercados & Tendencias.