Del bit a la Ley
Tribuna de Carlos Rivadulla, mánager del Área de Tecnología, Medios y Telecomunicaciones en ECIJA Madrid, para El Confidencial.En la compleja interrelación entre tecnología y derecho hay un patrón que se ha repetido a lo largo de la historia: una irrupción tecnológica relevante siempre acaba provocando cambios legislativos significativos. Un ciclo interminable. Desde la invención de la imprenta hasta la actual revolución de la inteligencia artificial (IA), pasando por Internet, la tecnología ha alterado los equilibrios que el ordenamiento jurídico había establecido como resultado de la anterior revolución. Vuelta a empezar.
Se pueden identificar cuatro etapas en este proceso. La primera, con la irrupción de una tecnología que cambia radicalmente procesos y la forma en que se producen y ofrecen productos y servicios. Esa tecnología es adoptada por la sociedad de forma masiva. Aparecen modelos de negocio que ofrecen productos y servicios nuevos, apoyados en tecnología emergente y finalmente el ordenamiento jurídico se despierta, modifica y adapta las normas para restablecer esos equilibrios. De esta manera consigue equilibrar la sociedad y los mercados con nuevas obligaciones y derechos, preservar el interés general y proteger a los consumidores o usuarios, a los competidores, etc.
En 2024 la IA plantea un reto mayúsculo a nuestro Ordenamiento Jurídico. Es evidente que tendrá un profundo impacto en la sociedad, en las empresas y en las profesiones. Lo cierto es que, tras año y medio de popularización, se percibe con fuerza que la IA es una tecnología revolucionaria, capaz de alterar sustancialmente la sociedad, la economía y el entorno empresarial tal como lo conocemos.
La Unión Europea ya ha hecho el primer cambio. Y no es menor, ni escaso de ambición: un Reglamento de Inteligencia Artificial que aspira a establecer un equilibrio entre la promoción de la innovación en IA, el correcto funcionamiento del mercado interior y la protección de los intereses públicos y derechos fundamentales. Todo ello basado en un enfoque de riesgo. Ciertos sistemas de IA estarán prohibidos, y los considerados de alto riesgo, sujetos a una serie de obligaciones. El reto no es pequeño.