En Roma, los ciudadanos no necesitaban ninguna razón para divorciarse. Esto fue así hasta que la religión católica se convirtió en la oficial del Imperio, y el derecho canónico pasó a tomar la jurisdicción sobre los temas relacionados con el matrimonio. Entonces, el divorcio y la posibilidad de volverse a casar comenzaron a ser gradualmente restringidos, hasta llegar al Concilio de Trento en 1545, en donde el matrimonio pasó a ser indisoluble. Esto desde luego, tenía excepciones, ya que, si el individuo era rico o poderoso, o generalmente ambas, podía optar por la anulación de su matrimonio a cambio de un pago a la Iglesia.
No fue sino hasta la Reforma protestante del Siglo XVI que el divorcio volvió a estar disponible en Europa Occidental, gracias al repudio de Lutero al derecho canónico, y su defensa del matrimonio como contrato secular. La Revolución Francesa también contribuyó a la expansión del divorcio fuera del mundo protestante, ya que defendía el ideal del matrimonio como contrato civil, que podía finalizar sin necesidad de causa. Estas ideas, con restricciones, fueron incorporadas al Código Napoleónico, de influencia para todos los países de Derecho Continental, como Costa Rica. Hoy día, salvo en las Filipinas y en el propio Estado Vaticano, el divorcio se permite en todo el planeta, dando pie a una monogamia serial, en donde las personas pueden contraer múltiples matrimonios, uno a la vez, salvo en los sistemas poligámicos.
Continúa leyendo en el siguiente enlace.