Uber cumple 5 años de operar en Costa Rica con números que acreditan el éxito de la movilidad colaborativa: 28.000 conductores, 971.000 usuarios y 200 millones de viajes realizados. Estos son los números de una sola empresa, en un mercado que está madurando y ya tiene otros competidores. Es claro que el consumidor costarricense encontró en esa modalidad de transporte una opción viable.
El gran perdedor en estos años ha sido el Estado costarricense, que, con una obcecación difícil de comprender, abanderó desde la administración anterior una tutela corporativista hacia el gremio del taxi, acusando a Uber, y a todo lo que se le parezca, de una ilegalidad que, a la fecha, sigue siendo meramente retórica. Además de credibilidad para las inversiones innovadoras, el gobierno nos ha hecho perder mucho dinero en estos años. Si el gobierno hubiera entendido que no es su competencia imponerle al ciudadano en qué medio de transporte se moviliza, ya habría resuelto lo que es de su principal interés: el cobro de impuestos.
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