LATEST NEWS: En la economía de la inteligencia artificial, el verdadero lujo es el secreto

Artículos15 de mayo de 2026

Existe una nueva obsesión silenciosa en el mundo empresarial que ya no reside únicamente en la innovación, la inteligencia artificial o la rapidez con la que se lanzan los productos al mercado. La preocupación ha cambiado: el control. Control sobre la información, los conocimientos, los datos, los procesos internos y, sobre todo, sobre lo que realmente crea una ventaja competitiva. Curiosamente, cuanto más sofisticada se vuelve la tecnología, más evidente resulta que los activos más valiosos son los que nunca llegan a la esfera pública. En muchas organizaciones, este tema surge hoy casi inevitablemente. Y rara vez comienza con una discusión puramente técnica. Surge de una preocupación difusa pero creciente: la constatación de que las herramientas tecnológicas se alimentan a diario con información estratégica sin que exista una verdadera conciencia del valor económico y jurídico de lo que se introduce en ellas.


Durante décadas, nos hemos acostumbrado a asociar la propiedad intelectual con derechos relativamente clásicos y fácilmente identificables. Una marca, una patente, un programa informático, un diseño o una obra protegida por derechos de autor eran ejemplos claros de lo que había que proteger. La lógica era sencilla: se creaba algo, se aseguraba su protección jurídica y, a cambio, se obtenía un derecho exclusivo. En muchos casos, esta protección dependía precisamente de la difusión pública de la información. El sistema de patentes sigue siendo el ejemplo más evidente de esta lógica. El inventor revela la invención al mundo y, a cambio, se beneficia de un monopolio temporal de explotación.


La economía digital ha cambiado profundamente este paradigma. Hoy en día, el valor económico ya no reside únicamente en lo que se muestra al mercado, sino en lo que permanece inaccesible. Un algoritmo interno, una metodología de análisis, un modelo de fijación de precios, un sistema de segmentación, una base de datos, un conjunto de indicaciones o una lógica operativa pueden representar activos de mucho más valor que el propio producto final. En muchos sectores, la ventaja competitiva ya no reside exclusivamente en el resultado visible, sino en los mecanismos internos que permiten a las empresas decidir con mayor rapidez, anticipar tendencias, procesar la información con mayor eficacia o lograr resultados difíciles de reproducir.


En este contexto, los secretos comerciales han adquirido una nueva centralidad jurídica y económica. Durante mucho tiempo, se consideraron la cara menos visible de la propiedad intelectual, menos mediática que las patentes y menos intuitiva que los derechos de autor. Pero quizá sea esta discreción lo que los hace tan importantes. A diferencia de las patentes, que protegen mediante la divulgación, los secretos comerciales protegen mediante la reserva de información. Su valor depende de que esta información no sea pública. El ejemplo clásico sigue siendo la fórmula de la Coca-Cola. Nunca ha sido patentada. Nunca ha sido revelada. Sigue estando protegida porque sigue siendo secreta.


Este razonamiento se ha vuelto aún más relevante en la era de la inteligencia artificial. Hoy en día, algunas de las instituciones más valiosas del mundo dependen de activos cuya protección a través de los mecanismos clásicos de propiedad intelectual está resultando insuficiente. En su lugar, los verdaderos activos residen en conjuntos de datos, modelos de entrenamiento, metodologías internas, estructuras algorítmicas, sistemas de recomendación o combinaciones de información estratégica que perderían valor inmediatamente si salieran a la luz.


En la Unión Europea, esta cuestión se ha armonizado a través de la Directiva (UE) 2016/943 sobre la protección de los conocimientos técnicos y la información empresarial confidenciales contra su obtención, utilización y divulgación ilícitas. En Portugal, la directiva fue transpuesta por el Decreto-Ley 110/2018, de 10 de diciembre de 2018, que aprobó el nuevo Código de Propiedad Industrial, en vigor desde 2019, haciendo que el régimen jurídico de los secretos comerciales sea autónomo por primera vez en el ordenamiento jurídico portugués.


A pesar de ello, muchas organizaciones siguen sin tratar estos activos con el grado de cuidado que exige la realidad actual. La información sensible sigue circulando sin un control eficaz, en concreto a través de un acceso interno excesivamente amplio, el uso indiscriminado de plataformas tecnológicas o la ausencia de políticas claras de confidencialidad. La adopción masiva de herramientas de inteligencia artificial ha agravado aún más este fenómeno. Hoy en día, basta con que un empleado cargue documentos estratégicos en una plataforma de inteligencia artificial generativa para que la información crítica salga de la esfera de control de la empresa, a veces de forma irreversible. Lo mismo ocurre con los consultores externos, los proveedores de tecnología o los equipos de desarrollo

que procesan información sensible en entornos cuya trazabilidad no siempre está clara.


En la mayoría de los casos, estas situaciones no son el resultado de intenciones ilícitas. Son, sobre todo, el resultado de la búsqueda constante de la eficacia. La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta de trabajo cotidiana y, con ella, también se ha normalizado la circulación de información estratégica en entornos tecnológicos que no fueron diseñados para garantizar una confidencialidad total.


Sin embargo, cuando la información deja de estar bajo control, puede que ya no sea posible reconstruir la exclusividad que le daba valor económico. Legalmente, los secretos comerciales no están protegidos sólo porque cierta información se considere relevante o confidencial. La protección depende de que se demuestre que esa información tiene valor económico porque no es pública. También depende de la adopción de medidas concretas para preservar su confidencialidad. Esto implica, en particular, contratos adecuados, limitación del acceso, clasificación interna de la información, mecanismos de seguridad y normas específicas sobre el uso de herramientas de inteligencia artificial.


Es poco probable que la celebración de acuerdos genéricos de confidencialidad, la ausencia de políticas internas eficaces o la existencia de un acceso indiscriminado basten para garantizar la protección en virtud del régimen jurídico aplicable a los secretos comerciales. A diferencia de otros derechos de propiedad intelectual, los secretos comerciales dependen de un comportamiento continuado. Su protección no resulta únicamente de la existencia de la ley. Resulta de la capacidad de demostrar que la información en cuestión fue tratada como un verdadero activo estratégico desde el principio.


Durante muchos años, el objetivo ha sido demostrar la innovación, el crecimiento, la tecnología y la diferenciación. Hoy en día está cada vez más claro que una parte sustancial del valor económico reside en lo que permanece inaccesible para los demás. En la era de la inteligencia artificial, puede que el verdadero lujo ya no resida en lo que se puede mostrar al mercado, sino en lo que se puede proteger del mercado. Porque, al final, lo que crea la ventaja competitiva rara vez es sólo el producto visible. A menudo son los conocimientos que hay detrás y a los que no pueden acceder terceros.

Una imagen que muestra un patrón repetitivo de teclas de un teclado con fondo oscuro y luces azules.

Socios relacionados

ACTUALIDAD #ECIJA